La esfera de Dyson

Uno de los temas que los escritores de ciencia ficción abordan de manera casi obsesiva es la obtención de energía infinita. Sin duda, un requisito muy importante para poner en acción toda la tecnología que sus imaginaciones y las de otras personas han ideado. Desde que el tema se empezó a estudiar, siempre tuvimos claro cual era la fuente de energía más grande de la que disponemos: El sol. Siempre estuvo ahí, va a estar ahí durante unos pocos billones de años más, y emite radiación como si lo fueran a prohibir mañana.

Pero no podemos depender solo de la energía solar que pudiéramos recoger en la tierra, una pequeñísima fracción de la que emite el sol. Especialmente teniendo en cuenta que en el futuro solo gastaremos más y más energía. Se han teorizado decenas de soluciones, y para mi una de las más valientes es la Esfera de Dyson, llamada así en honor de Freeman Dyson, el científico que ideó el concepto, a pesar de estar inspirado en el libro Star Maker de Olaf Stapledon.

 En pocas palabras, lo que Dyson propone es la construcción de una estructura esférica rodeando al sol, de manera que recoja la energía que éste emite en todas direcciones. Una idea que, sin duda, redefine lo que hoy entendemos por “delirio de grandeza”. Una cáscara de esfera sólida con un radio de 1 UA tendría una superficie de 2.71x1017 km2 (600 millones de veces la superficie de la Tierra), y sería capaz de recoger al completo los 4x1026 W que el sol emite. Una potencia que viene a ser unos 33 billones de veces más que la que la humanidad al completo consumió en 1998.

 El diseño sólido es, por supuesto, el caso ideal. En realidad, tiene un enorme problema práctico: La atracción gravitatoria. En un espacio idealmente vacío, no habría ningún problema, pues no habría ninguna atracción gravitatoria neta entre el sol y la esfera. Pero el simple impacto de un meteoro provocaría que la esfera comenzara a moverse, colisionando al fin con el sol y mandando al garete trillones de euros. Algunos diseños alternativos son mucho más conservadores, y mucho más factibles (es un decir).

La alternativa más cercana a la idea de Dyson es el Enjambre de Dyson: Una red esférica de colectores independientes. Estos podrían irse construyendo de uno en uno, facilitando tamaña labor. Sin embargo, sería complicado colocarlos en órbita solar: Es fácil imaginar como colocar, por ejemplo, una serie de ellos en un anillo, compartiendo la misma órbita, pero al añadir más anillos el problema de sincronizarlos se complica. La energía absorbida no sería el 100%, pero sin duda sería un montón. El problema ahora sería como llevarla a un sitio donde resultara útil: Las soluciones propuestas son desde colonizar el espacio colector por colector hasta lanzar la energía mediante microondas hacia la Tierra.

Otra de las soluciones posibles es la Burbuja de Dyson. En vez de utilizar satélites en orbita solar, los colectores están construidos como “estatélites”: Aparatos que contrarrestan la atracción gravitatoria con una vela solar, que aprovecha el empuje de la radiación solar, de manera que están totalmente estacionarios, suspendidos en el espacio. El problema, aquí, radica en los materiales usados para contruir el estatélite: Necesitaríamos que el aparato, en conjunto, tuviera una densidad de tan solo 0.78 g por m2 de vela solar. Gramos, no kilogramos.

El problema definitivo, aparte de nuestro limitado conocimiento científico, es tener suficiente energía para poner todo esto en marcha. Tal vez cuando descubramos la fusión fría…

El constructor universal

Si alguien me pregunta cual es el próximo invento de ciencia ficción que más revolucionará la vida, no lo dudaria ni por un instante: Me decidiría por el constructor universal. Un brillante aparato que, como tantas otras cosas, Von Neumann teorizó alla en su día, y que hoy aun está lejos de ser construido. Dudo que en varias generaciones lleguemos siquiera a acercarnos a construir uno. Pero hay una cosa clara: En cuanto se construya el primero, el resto irán detrás, como churros.

 

Según su concepción teórica, un constructor universal es una máquina capaz de coinstruir (y destruir) todo tipo de objetos a partir de las unidades más elementales de materia: Moleculas o incluso átomos. Uno programa la estructura que desea, le proporciona a la máquina los materiales puros y una cantidad absolutamente desorbitada de energía y la el constructor, manipulando los atomos en moleculas y colocandolas en la estructura correcta, construye el objeto solicitado. Un objeto con medidas precisas hasta el orden del nanómetro, completamente libre de defectos estructurales y sin desperdiciar ni medio átomo de la materia prima. Materia prima de la que dispondríamos a toneladas, teniendo en cuenta el problema que tenemos con la basura urbana o los gases de efecto invernadero. Cualquier cosa que nos sobre puede ser convertida en cualquier cosa que conozcas, o que nunca haya existido pero sea susceptible de ser dibujada. Vigas de materiales hiperresistentes y formas absurdas que revolucionarían la arquitectura como arte. Máquinas complejísimas, a escala nanométrica. Millones de litros de vacunas contra el cancer copiadas a partir de un solo tubo de ensayo. Incluso otros constructores universales.

 

Bajo mi punto de vista, uno de los libros que mejor ha tratado el tema es La Era Del Diamante, de Neal Stephenson. En el, los constructores universales están por todas partes, y tienen tamaños muy diversos, desde enormes estructuras hasta aparatos del tamaño de un horno microondas. Por ejemplo, nadie pasa hambre, pues constructores públicos repartidos por las calles proporcionan comida a todo aquel que la pide. La nanotecnología está por todas partes, y ha afectado a todos los aspectos de la vida. La elite de la sociedad neo-victoriana, una de las más desarrolladas tecnológicamente, está compuesta, como no, por ingenieros (¡Al fin!).

 

El potencial de una máquina semejante sería sencillamente abrumador. Para bien y para mal, porque como toda tecnología, hay más de un uso posible. La fusión nuclear algún día nos proporcionará cantidades ingentes de energía (por suerte, pues necesitaremos yoctawatios para echar a funcionar estos cacharros), pero hasta hoy lo único que nos ha proporcionado ha sido destrucción en forma de bombas atómicas. De igual manera, la misma máquina capaz de crear nanomáquinas que viajen por nuestro torrente sanguineo y nos curen de enfermedades incluso antes de que se manifiesten será capaz de crear nanovirus que nos matarán a velocidades de vértigo. La misma máquina que erradicará el hambre del mundo lo llevará al colapso global de la economía, cuando solo necesites tener una de estas máquinas para producir varios millones de ellas.

 

Lo único que espero, por el bien de mis tataratatara(etcetera)nietos, es que a nadie se le ocurra cometer el mismo error que cometieron con Skynet en Terminator 2. No quiero ni imaginar lo que pasaría si a uno de estos constructores universales le diera por pensar un poquito lo bien que le iria solo.

Como tumbar a un gigante

Siempre que hay un gigante en una obra de ficción, a alguien se le mete la idea de derrotarlo entre ceja y ceja. Desde que David tumbó a Goliath, la idea es tentadora: Tan grandes, tan fuertes, tan poderosos... por supuesto, no es facil. ¿Qué hay que hacer exactamente para tumbar a un gigante?

Supongamos que cogemos a una persona estandar (1.80 m de altura, 80 kilos de peso) y aumentamos diez veces su tamaño. Un gigante de 18 metros, tan alto como un edificio de seis plantas. Su reacción natural, por supuesto, es hacer uso de su enorme poder para lo más lógico: Devastar una ciudad al más puro estilo de Godzilla. Mides 18 metros, ¿cómo resistirte? El problema es que esta vez no va a venir Mothra a salvarnos el culo, y por una carambola del destino te cae a ti la misión de cargartelo.

Supongamos que todo su cuerpo y sus contenidos han crecido con la misma escala. Supongamos también que yo se mucho más de biología de lo que realmente se. La sección de sus músculos crece cien veces, y suponiendo que generen la misma tensión por unidad de area (dado que están hechos del mismo material) tenemos a un gigante capaz de desarrollar cien veces más fuerza en todos sus movimientos. Sin contar con que su peso de 80 toneladas, mil veces mayor, no puede ser aguantado por ninguna carretera. En pocas palabras: Que como te coja en la mano o te pise, date por servido. No confiaría mucho en el uso de armas de fuego contra el: Estamos hablando de armas que tienen un calibre diez veces menor del necesitado, disparando contra una piel diez veces más gruesa. Incluso si fueran capaces de atravesarla, habrían perdido mucha energía en hacerlo, tanta que no creo que su efecto sobre sus organos internos fuera demasiado importante. El equivalente sería pincharte a ti con la punta roma de una aguja gruesa, y no demasiado fuerte. Así que, a no ser que tengas al ejercito de tu parte, yo no apostaría por el uso de la fuerza bruta.

Por suerte, tienes un par de cosas a tu favor. De mano, los huesos de las piernas del gigante bien podrían no ser capaz de soportar su propio peso, tanto más cuanto mayor sea el factor de escala. Suponiendo que sus piernas pudieran aguantarlo, sus movimientos serían más lentos (es un decir, dado que un paso suyo recorrería unos diez metros). Pero sin duda, la ventaja más grande que tendrías, y la que siempre aparece reflejada en las obras de ficción, es su súbita estupidez y lentitud de reacción. Es dificil pensar con claridad cuando sus neurotransmisores, que atraviesan las sinapsis neuronales por difusión, tienen que atravesar un espacio diez veces mayor.

La conclusión es que, visto en semejante lio y sin más ayuda que tus propios medios, tienes dos opciones: O echas a correr y confías en que no te coja o le consigues convencer para que se largue. Y teniendo en cuenta que su pie tiene cien veces más area y que no parece ser muy capaz de razonar que reducirte a una pulpa sobre el asfalto sea una mala idea, no creo que consigas hacer ninguna de las dos. Así que, por nuestro bien, esperemos que a nadie se le ocurra crecer a diez veces su tamaño sin avisar con antelación al Ministerio de Defensa para que movilice un par de compañías de artillería.

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